Resumen
“Mario” fue policía ministerial en un enclave del cártel de Sinaloa y después guardaespaldas del capo Sergio Villarreal Barragán, alias El Grande, pero su “peor infierno” lo pasó cuando formó parte del programa de testigos protegidos de la PGR, al cual ingresó por invitación de funcionarios de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada. Ahora, en entrevista, narra su decepción –y su temor– al descubrir que estaba colaborando con instancias en las que se entremezclan la corrupción y la complicidad con el crimen organizado al que dicen combatir…
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Extracto
El infierno de ser testigo protegido
Después de trabajar como policía ministerial en Durango, uno de los enclaves del cártel de Sinaloa, Carlos Iván Meraz Medina se vinculó a la organización criminal encabezada por Sergio Villarreal Barragán, El Grande, actualmente preso por delincuencia organizada.
Del infierno que vivió en el narcotráfico, Meraz afirma que pasó a otro peor: el programa de testigos protegidos, donde fue sometido a presiones, amenazas y, pese a traer escoltas, fue objeto de un atentado en Durango. “Sospecho que los mismos agentes que me cuidaban me quisieron matar”, señala. Además, el expolicía de menos de 40 años teme ser asesinado por las organizaciones y los capos que incriminó ante la Subprocuraduría de Investigación Especializada e...Ver el contenido completo de este documento
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