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El poder de la primera persona.
Resumen: En este artículo se explora la pregunta "¿quién soy yo?" y qué poder o poderes, si es que alguno, se le puede atribuir a la primera persona. En primer lugar, se confrontan las posiciones de Descartes y de Hume, y se considera como un posible desarrollo de la de Hume el eliminacionismo biológico de la vida mental. Se introducen algunas razones para dudar de las tres posiciones. En segundo lugar, se busca justificar tres posibles conjuntos de poderes de la primera persona: la primera persona dispone de órganos de los sentidos confiables y de usos de las palabras no menos confiables; la primera persona es capaz de conocerse a sí misma; la primera persona posee la capacidad de intervenir en el mundo: puede iniciar secuencias de sucesos.
Palabras clave: poder, primera persona, identidad, vértigos argumentativos Abstract: This paper explores the question "who am I?" and what power or powers, if any, may be attributed to the first person. In the first place, the views of Descartes and Hume are contrasted and a biological eliminativism of mental life is considered as a possible development of the Humeian view. Several reasons are offered to cast doubt on all three positions. In the second place, ah attempt is made to justify three possible sets of first-person powers: the first person is equipped with reliable sensory organs and with a no-less reliable use of words; the first person is capable of knowing him/herself; the first person has the capacity to intervene in the world: to initiate sequences of events. Key words: power, first person, identity, argumentative vertigos 1. El experimento de Hume Hume propuso un experimento: quien quiera descubrir quién es, que mire dentro de sí. Resultado: por más que me busco no me encuentro. Quien se examina fuera de sus percepciones, o de sus percepciones de percepciones, no encuentra, según el Tratado de la naturaleza humana, nada que posea la importancia de que presumen los usos militantes de la expresión "identidad personal": cuando más íntimamente penetro en lo que llamo yo mismo, tropiezo siempre con una u otra percepción particular, de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. Nunca puedo aprehenderme yo mismo sin una percepción, y nunca puedo observar más que la percepción. (1) Con independencia de Hume este experimento continúa provocando muchas y hasta insospechadas alarmas: ¿tal vez no exista la tan alardeada identidad personal? En lugar de un yo, ¿sólo ocurren de vez en cuando algunas sensaciones y percepciones? No obstante, si no hay más que sensaciones y percepciones particulares, ¿de dónde proviene ese arraigado sentir que yo soy yo y nadie más, aunque tampoco menos que yo? Sobre todo, ¿cómo respaldo mi convicción de que tengo el poder de decidir qué hago o dejo de hacer con mi vida? Adelantándose a zozobras como éstas, en la Meditación segunda, Descartes propuso un yo hecho de una sustancia diferente de la sustancia material: ¿Qué soy, pues? Una cosa que piensa. ¿Qué es una cosa que ...See the full content of this document
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