Allons enfants al grito de guerra - 15 de Diciembre de 2019 - Proceso - Noticias - VLEX 829859981

Allons enfants al grito de guerra

Autor:Samuel Máynez Champion
 
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Con frecuencia escuchamos que, antes que nosotros, son los extranjeros quienes más aprecian nuestras riquezas; desde las primigenias gramáticas de la lengua "mexicana" y los primeros trabajos de la arqueología nacional, por dar ejemplos someros, han sido forasteros los que han estudiado y difundido lo que nos tocaría a nosotros, por principio... En fin, no es nada nuevo en nuestra temblorosa cosmovisión, ni nada que nos perturbe; y para abonar a la tesis, esta columna se regocija por traer a cuento a un admirable ciudadano francés quien, apenas tocó suelo patrio, se dejó des-lumbrar y acabó por mexicanizarse con toda la certidumbre de su ser.

Personajes como él hay pocos, y allende su enamoramiento de lo mexicano, hemos de decir que fue un individuo con capacidades sobrehumanas. Fue médico, periodista, diplomático, poeta, maestro, científico, especialista en la evolución del teatro, músico en toda la extensión de la palabra -pianista, compositor, musicólogo y crítico musical-y se desempeñó en diversos cargos públicos con acierto y honradez, incluso, llegó a ser portavoz del gobierno mexicano en su afán por validarse ante el mundo.

Hablamos de don Alfred Bablot D'OIbreuse, quien vio la luz en Burdeos en 1827 y desembarcó en México en 1849, con apenas 22 años de edad, siendo ya dueño de una formación intelectual sorprendente. Mas vayamos con orden. De su infancia se sabe muy poco -es una tarea pendiente para los investigadores de ambos países-, resaltando que su cuna fue noble, puesto que su padre ostentaba el título de Conde D'OIbreuse. Al parecer fue hijo único, acorde con los trabajos genealógicos hasta ahora realizados, y de sus estudios se ignora todo. Puede intuirse que los comenzó a muy temprana edad, ya que seguramente logró convertirse en músico antes de estudiar medicina. Lo que es cierto es que en su hogar se contaba con los medios para darle la mejor educación posible, y que el talentoso Alfred debe haber poseído una sed de cultura fuera de serie. Sólo así se explica que haya sobresalido con tanto empuje en las disciplinas que lo apasionaron y en las que, ciertamente dejó huella.

Su llegada a nuestra patria avino gracias a su relación, como secretario y médico, del arpista y falsario Charles Nicholas Bochsa y de su pareja, la "desfachatada" cantante inglesa AnnaBishop. En otra columna escribimos sobre ellos (Proceso 2188) y su convulsa estadía mexicana, así que no abundamos, salvo para aclarar que también se ignora la causa por la...

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