Las evidencias se vuelven humo - 22 de Diciembre de 2012 - Proceso - Noticias - VLEX 413732473

Las evidencias se vuelven humo

Autor:Marcela Turati
 
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El pasado 30 de noviembre, último día del sexenio de Felipe Calderón, a las 8:30 de la mañana peritos de la Procuraduría General de la República (PGR) llegaron al Panteón Civil de Dolores. Con ayuda de panteoneros abrieron las fosas comunes donde están los restos hallados en las narcofosas de San Fernando, Tamau-lipas, y sacaron 10 cuerpos descompuestos. Pasaron todo el día seleccionándolos. No salieron hasta el atardecer, cuando los cadáveres habían sido incinerados.

Una semana después las cenizas de ocho guatemaltecos -que la PGR identificó como William, Bilder Osbely, Delfino, Erick Raúl, Gregorio, Jacinto Daniel, Marvin y Miguel Ángel- y de dos guanajuatenses -Israel y Luis Miguel- fueron entregados en urnas a sus familiares. La dependencia alegó que la cremación se hizo por "razones sanitarias".

"Los cuerpos ya estaban irreconocibles, estaban muy cocidos, no eran cuerpos completos. Nos dijeron que los iban a trasladar, por eso los incineraron", dice a Proceso un panteonero que presenció la exhumación.

En el lugar aún permanece una lámina puesta para proteger de los perros la fosa recién excavada que alberga los restos de las víctimas no identificadas cuyos asesinatos se atribuyen a Los Zetas. No tiene señalización alguna. En ese hoyo están apilados poco más de 75 de los 193 cuerpos sacados en abril de 2011 de dos fosas clandestinas.

A unos metros, bajo un montículo casi aplanado, están enterrados 12 de los 72 migrantes asesinados en agosto de 2010 en el mismo municipio y que siguen sin ser identificados. Por precaución de los panteoneros, esos restos no fueron mezclados con los de las otras fosas comunes.

El 30 de noviembre un grupo de estudiantes universitarios y su maestro trabajaban en una tumba vieja contigua a las fosas comunes y presenciaron la excavación. Les sorprendió enterarse de que los cadáveres exhumados frente a ellos y trasladados para su cremación corresponden a uno de los episodios más sangrientos del sexenio, al de los asesinatos masivos, sistemáticos, repetitivos de San Fernando.

En ese municipio un sinnúmero de camiones de pasajeros o camionetas con rumbo a Texas fueron detenidos por Los Zetas -según la versión oficial- y sus pasajeros varones en edad productiva, obligados a bajarse. A las víctimas las forzaban a enrolarse en su ejército o las secuestraban para cobrar rescates o las asesinaban por no ser buenos elementos para la guerra, por rehusarse a enlistarse o para que no fueran cooptados por el Cártel del Golfo, su rival en la zona.

Esto ocurrió durante 2010 y 2011. Las maletas llegaban a las terminales pero no sus dueños. Y todos guardaron silencio: Los gobiernos federal y estatal, los policías dedicados a vigilar los caminos, los medios de comunicación, las compañías de autobuses.

Uno de los migrantes desaparecidos en San Fernando es Bilder Osbely López Mérida.

Aunque a finales de octubre su familia fue informada de que lo habían localizado entre los muertos de San Fernando y de que México iba a repatriarlo, no estuvo de acuerdo con la cremación. Quiso impedirla, pero no le hicieron caso; les dijeron...

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