Gustos animales - 2 de Junio de 2019 - Proceso - Noticias - VLEX 790933177

Gustos animales

Autor:Samuel Máynez Champion
 
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Recientemente, el esclarecido pianista Boris Giltburg (Moscú, 1984) publicó una nota en el diario británico The Guardian donde refirió dos de sus más escalofriantes experiencias tocando en público. Por lo inusual del contenido y por su nexo con una experiencia similar vivida por el responsable de esta columna -que ciertamente se prestan para glosas y escolios al margen-vale reproducir lo narrado por el joven artista ruso, aunque emigrado en su niñez a Israel, donde se formó íntegramente.

Giltburg relata, pues, sin precisar lugares ni fechas específicas, que durante un concierto de piano solo realizado al aire libre en algún festival europeo de verano, padeció una vivencia con tintes kafkianos o, en sus palabras, propia de una película de horror. En su decir, salió al escenario desde el cual se divisaba un amplio valle verde coronado por montañas con sus cúspides nevadas, y lo primero que sintió fue la identificación plena con la magnificencia del sitio, tan apto para suscitar una comunión espiritual entre el público de dos mil asistentes, la música y el entorno natural. Se sentó al piano al tiempo en que se incrementaban las luces del escenario y se extinguían los últimos rayos solares. Comenzó con un verdadero regocijo interior pero, a los pocos minutos, un repulsivo insecto se posó en el teclado. Y después otro y... otro más. Siguió tocando, y conforme se intensificaba la oscuridad natural y se calentaban las luces, más insectos fueron aproximándose. De pronto, un escarabajo se deslizó por el atril del instrumento, sumándose a la nube de moscos que ya volaban a su derredor. No sabía si cerrar los ojos o, más bien, fijarlos en las teclas para evitar el contacto con esas desagradables criaturas que seguían multiplicándose.

Finalizada la primera parte y con el rostro lívido, salió corriendo hacia el camerino. Lo untaron de repelente para moscos y le sugirieron que, en esos casos, lo mejor era no alarmarse y no dejarse llevar por la incomodidad. De vuelta al escenario, el espectáculo se reprodujo, aunado a que tenía la piel pegajosa. Concluyó asqueado con otro escarabajo caminando por sus pantalones e interrogándose: ¿Fue la música la que atrajo a esos horrendos bichos?, ¿o fue la luz artificial?, ¿o fue su persona? Y si fue la música, ¿podría creerse que la atracción fue producto de un deleite sensorial?

El otro concierto mencionado por Giltburg tuvo lugar en un viejo teatro allltaliana; de esos con amplias y oscuras bóvedas adyacentes al...

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