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A México le faltan mates y filosofía para triunfar en inteligencia artificial

 
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Still del documental Alpha Go, disponible en Netflix, donde aparecen los ingenieros en aprendizaje automático monitoreando el desempeño y la actividad de la red neuronal que jugó el juego de Go contra el campeón mundial.

México se encuentra en una encrucijada con respecto a la economía de la inteligencia artificial (AI, por su sigla en inglés). Una encrucijada en la que, para salir airosos, requerimos dos grandes músculos: uno tecnológico y otro científico, de los cuales tenemos hipertrofiado el primero y poco entrenado el segundo.

México ha producido, en promedio de 2006 a 2012, más de 21,000 programadores al año, según cifras de la OCDE. Estos estimados, sin embargo, no consideran la gran cantidad de ellos que ingresan al mercado laboral sin estudios formales de ingeniería, y que se graduaron de programas informales de capacitación que, si bien no los prepara en ingeniería, si los convierte en elementos empleables. Es un bono de talento gigantesco para el país, y podría significar una segunda oportunidad para lograr un escenario de “full employability”, no esperada desde que desperdiciamos el famoso “bono demográfico” de hace 10 años.

Este artículo es una cordial respuesta e invitación al debate para Javier Arreola y Juan Pablo Rodríguez, autores del artículo de Forbes publicado el 20 de julio con el título “México puede triunfar en Inteligencia Artificial”.

Nuestras deficiencias estructurales

Sin embargo, este talento tiene sus deficiencias. En 1982, cuando México se preparaba para entrar de lleno al modelo neoliberal, era importante ajustar los planes de educación nacional para producir talento valioso para el modelo de maquila. En ese entonces, desde la SEP se solicitó a toda la red de universidades, tecnológicos y centros de capacitación del país que privilegiaran asignaturas y entrenamiento técnicos, restándole relevancia a materias de matemáticas avanzadas y filosofía. Las universidades autónomas tuvieron la opción de acatar o no las indicaciones de la SEP, pero los tecnológicos regionales lamentablemente no tuvieron opción.

La ingeniería en computación resultó la más lastimada con esta decisión, debido a una combinación de factores, como la manera en que las universidades articularon sus departamentos o facultades de informática y computación, su separación de las escuelas de matemáticas y la fusión de responsabilidades de las áreas de informática operativa con las responsabilidades académicas.

El contexto de entonces dictó que era más importante formar ingenieros que pudieran dar mantenimiento al costoso equipo y la maquinaria utilizada en el modelo de maquila que ingenieros que pudieran resolver problemas.

¿Qué se pierde cuando se excluye de la educación las matemáticas avanzadas y la filosofía? Los fundamentos para crear conocimiento. Con filosofía se fortalece la higiene argumentativa y la capacidad de formular la pregunta correcta; con matemáticas se obtiene el poder de modelar partes de la realidad y las estructuras mentales para manipularla de manera efectiva.

Los resultados de esta política son tangibles hoy. Solo graduamos poco más de 350 matemáticos y físicos al año en todo el país, según el IMCO, y aunque el modelo inició un cambio en 1993, las consecuencias se continúan sintiendo en el talent pool del país.

Su impacto en el escenario actual

Llegó el siglo XXI y...

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