Moisés González Navarro, historiador de la contradicción social - 28 de Febrero de 2015 - Proceso - Noticias - VLEX 559666455

Moisés González Navarro, historiador de la contradicción social

Autor:Enrique Semo
 
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Ha inspirado a varias generaciones de historiadores a través de un inagotable trabajo de enseñanza y formación de investigadores. Ha llenado de hipótesis fecundas todas las etapas de la vida nacional, y a la vez ha escrito cuatro obras monumentales, eruditas, sustentadas en toda clase de fuentes: archivos, hemerotecas, estadísticas y obras de pensadores del pasado, siempre con una aproximación crítica.

Conocí a González Navarro en El Colegio de México, al cual estuvo ligado toda su vida. Yo comenzaba mi trayectoria de investigador para una obra que planeaba Daniel Cosío Villegas y que desgraciadamente nunca se escribió: una continuación de la Historia moderna que debía cubrir los años de la Revolución Mexicana. Los dineros no llegaron y en su lugar se iniciaron estudios sobre demografía y maíz. De ese primer encuentro guardo un recuerdo entrañable. Moisés irradiaba una tensión intelectual, un sentido celoso de independencia, una honestidad que a algunos parecía intimidante pero que a mí me atrajo de inmediato y sirvió de base para una amistad que nos unió intermitentemente durante largos años.

Se negaba rotundamente a la trivialidad, la pequenez y la impertinencia. Había una posición moral en constante alerta sobre todo a aquello que pudiera ser ridiculizar valores o ideas importantes. Para Moisés la sociedad mexicana era movida por la contradicción: la lucha de clases, la lucha de castas, la lucha entre religiosos y secularizados. Y muy frecuentemente en sus lienzos de la vida nacional aparecían todos ellos juntos. Son pocos sus libros en los que faltan los marginados, los trabajadores, los campesinos, lo que ahora se llama eufemísticamente clases subalternas. También había un fuerte sentimiento nacionalista que se hacía sentir en su manera de ser. Pero creía profundamente en el deber del historiador de guardar la objetividad, en buscar auténticamente la verdad. Al concebir la contradicción como la esencia de la sociedad podía representar las diferentes posiciones y ser al mismo tiempo fiel a sus propios intereses y convicciones. Al trazar todas las peripecias de dichas posiciones y sus exponentes eludía juicios personales. Refiriéndose a la terrible crisis del nacionalismo durante y después de la guerra con Estados Unidos, González Navarro refiere: "Don Lucas (Alamán) escribió el 13 de mayo de 1848 a Monte Leone, en un momento de gran angustia producido por las sublevaciones indígenas, sus temores de que al retirarse el ejército norteamericano -lo que 'en otras circunstancias sería una felicidad'- se desatara una guerra de castas, 'siendo de ellas la menos numerosa la blanca. Será la que habrá de perecer, y con ella todas las propiedades que le pertenecen'. En esos momentos críticos Alamán casi llegó a lamentar la salida del ejército de Estados Unidos".(1)

He leído la mayor parte de los libros de Moisés. Su enorme obra no es toda del mismo nivel. Siempre rica en información, en detalles poco conocidos, no toda es muy clara. Es posible que un lector lo conozca por una obra que no le guste, pero sus principales libros son un semillero de ideas e información que hasta el día de hoy representan un caudal del cual no podemos prescindir los aficionados a la historia de México y los investigadores que buscan fuentes e ideas nuevas por igual.

En una entrevista que le hicieron, decía sobre su formación: "El Centro de Estudios Sociales (del Colegio de México) tenía entonces una inspiración weberiana en sociología, una gran influencia de Harold Laski en ciencia política y de Keynes en economía (...) -Weber, Laski, Keynes-, y en ellas nos formábamos los estudiantes. Karl Marx, en cambio, estuvo ausente. A la distancia, he llegado a pensar que quizá hubiera convenido un cierto equilibrio, y que éste se hubiera logrado si hubiéramos tenido como profesor a Wenceslao Roces, marxista español (...) Tuvimos un pequeño equilibrio con Mario de la Cueva que, aunque no era marxista, era una persona muy abierta, con estudios en Alemania y que conocía la obra de Marx".

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