No, Roma no es tan buena como dicen. Es aún mejor - Noticias - VLEX 751133109

No, Roma no es tan buena como dicen. Es aún mejor

 
EXTRACTO GRATUITO
No, Roma no es tan buena como dicen. Es aún mejor

Roma, un drama magistral de Alfonso Cuarón, es muchas cosas a la vez: épica e íntima, mítica y mundana. Basado en los recuerdos de Cuarón de haber crecido en una casa burguesa de la Ciudad de México en la década de 1970, este poema sonoro está lleno de voces sensoriales vívidas que palpitan con deleite, sensualidad y tristeza. Filmado por el propio Cuarón en wide screen en blanco y negro, un formato que otorga monumentalidad y permanencia a los eventos cotidianos y evanescentes que se muestran aquí, Roma logra la rara proeza de hacer que lo personal sea auténticamente político, no a través de polémicas explícitas o metáforas torturadas, sino simplemente observando la vida con suficiente perspectiva para reflejarla en todas sus contradicciones.

La reflexión es el término operativo en Roma, que toma su título del barrio de clase media donde Cuarón creció. Al principio de la película, toda la pantalla está ocupada por un manantial de agua jabonosa mientras se desliza sobre el suelo de un patio, su superficie resbaladiza en un punto capturando un balcón y un avión volando por encima. La persona que limpia el piso es Cleo (Yalitza Aparicio), que trabaja en la casa de Sofía y Antonio (Marina de Tavira y Fernando Grediaga), cocinando, limpiando y cuidando a sus cuatro hijos. Las escenas iniciales de Roma siguen silenciosamente a Cleo a través de las labores de su día, estableciendo gradualmente los ritmos de la vida, no como se suele dramatizar o simplificar, sino como se vive.

Lo que queda claro es que, aunque Cleo y sus compañeros del personal doméstico están subordinados a sus jefes, la relación no se limita a la dinámica convencional de poder y servidumbre: Cleo es claramente un miembro de una familia que no sólo depende de su trabajo físico, sino también de su trabajo emocional, poniendo su relación con ella en un territorio que existe en algún lugar entre la explotación y el afecto genuino.

Cuarón, que basó a Cleo en su niñera de la vida real, podría haber pensado dos veces en las trampas de un cineasta próspero que hace una película tierna y nostálgica sobre la mujer indígena que lo cuidó cuando niño. En el papel, la configuración suena implacablemente condescendiente, ya sea de sentimientos baratos o de privilegios despistados. Pero Roma esquiva esas trampas, convirtiéndose en algo mucho más complejo y emocionalmente fragmentado, cuando la discreta y graciosa cámara de Cuarón sigue a Cleo a través de un...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA