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La política exterior de Estados Unidos en crisis

 
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Mohamad Yavad Zarif, canciller de Irán.

Esta es una opinión de Mohamad Yavad Zarif, ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán.

El Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), alcanzado sobre el programa nuclear de Irán, es el tercer pacto internacional que ha abandonado la actual Administración de Estados Unidos tras el Acuerdo de Asociación Transpacífico y el Acuerdo Climático de París. El Gobierno de Washington ha puesto, además, en peligro otros pactos, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el libre comercio y partes del sistema de las Naciones Unidas, infligiendo así un daño considerable al multilateralismo y a las perspectivas de una solución diplomática a las controversias.

La salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear el 8 de mayo de 2018 y la reimposición unilateral e ilegal de sanciones, pese a ir ello en contra de la opinión pública estadounidense, fue la culminación de una serie de violaciones de los términos del acuerdo por parte esta Administración, a pesar de que la AIEA, como la única autoridad internacional competente, había verificado reiteradamente el cumplimiento de Irán de sus compromisos en virtud del acuerdo. La decisión de Estados Unidos fue repudiada por la comunidad internacional e incluso por los aliados más cercanos de Estados Unidos, como lo son la Unión Europea (UE), el Reino Unido, Francia y Alemania.

El 21 de mayo de 2018, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en una declaración infundada e insultante, emitió una serie de demandas y amenazas contra Irán en una descarada violación del derecho internacional, las normativas internacionales bien establecidas y el comportamiento civilizado. Su declaración reflejó una reacción desesperada del Gobierno de Estados Unidos, ante la abrumadora oposición de la comunidad internacional, a los persistentes esfuerzos de la Casa Blanca por destrozar el pacto y, como consecuencia de ello, el aislamiento de Washington. El Sr. Pompeo, en su declaración, intentó justificar la retirada de Estados Unidos del pacto y desviar a la opinión pública internacional del comportamiento ilegal de Estados Unidos y su violación flagrante de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU; una resolución redactada y propuesta por el propio Estados Unidos, y aprobada por unanimidad por el aludido Consejo. Las 12 precondiciones presentadas por el Sr. Pompeo son especialmente absurdas, ya que la propia Administración de Estados Unidos está cada vez más aislada debido a su esfuerzo por socavar el multilateralismo y la diplomacia. No sorprende que esta declaración y la otra formulada por el presidente de Estados Unidos sobre Irán hayan sido ignoradas o recibidas negativamente por la comunidad internacional, hasta entre los amigos de Estados Unidos. Solo un puñado de estados clientes de Estados Unidos en nuestra región lo acogió con satisfacción.

Dudo seriamente de que el secretario de Estado de Estados Unidos ni siquiera supiera un poco de la historia y cultura de Irán, y de la lucha del pueblo iraní por la independencia y la libertad, y si hubiera sabido que el sistema político de Irán, en contraposición con los de los aliados estadounidenses en la región, se basa en una revolución popular y en la voluntad del pueblo, no habría pronunciado una declaración tan extravagante. Sin embargo, él debería saber que poner fin a la intervención extranjera en los asuntos internos de Irán, que culminó en los 25 años posteriores al golpe orquestado en 1953, siempre había sido una de las principales demandas de los iraníes desde mucho antes de la Revolución Islámica. También debe saber que en los últimos 40 años el pueblo iraní ha resistido heroicamente y ha frustrado las agresiones y presiones de Estados Unidos, incluidos sus intentos de golpe de Estado, sus intervenciones militares, su apoyo al agresor en una guerra de 8 años, la imposición de medidas unilaterales y extraterritoriales, y hasta multilaterales, e incluso el derribar un avión de pasajeros en el Golfo Pérsico en 1987. "Nunca olvidar" es nuestro mantra, también.

La República Islámica de Irán debe su fuerza y estabilidad a su pueblo valiente y amante de la paz; un pueblo que, mientras busca una interacción constructiva con el mundo sobre la base del respeto mutuo, no duda en resistir ante la agresión y las extorsiones, y defenderá al unísono la independencia y el honor de su país. El pasado ha demostrado el hecho de que quienes organizaron la agresión contra esta tierra milenaria, como Saddam y los partidarios de su régimen, acabaron sumidos en la ignominia, mientras que Irán sigue orgulloso y vibrantemente su camino hacia un futuro mejor y más brillante.

Lamento afirmar que en el último año y medio, la política exterior de Estados Unidos, si aun merece este nombre, se ha visto guiada por una mera ilusión. El presidente de Estados Unidos y su secretario de Estado han lanzado acusaciones infundadas y provocativas contra Irán, las cuales constituyen una injerencia flagrante de los asuntos internos de Irán, además de amenazas contra un estado miembro de la ONU, y violan las obligaciones internacionales de Washington de la Carta de la ONU, el Tratado de 1955 y el Acuerdo de Argel de 1981. Si bien rechazo estas acusaciones ficticias, me gustaría llamar la atención de las autoridades políticas de Estados Unidos sobre algunos aspectos de su política exterior que son...

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