El primerísimo "grito" de independencia

AutorPatrick Johansson K.

En el marco de cambios políticos radicales que definen el concepto de "transformación" y en los tiempos de pandemia en los que vivimos, el grito conmemorativo de independencia por darse en este segundo año de la llamada Cuarta Transformación debería tener resonancias particulares, ya que coincide con el 500 aniversario de la entronización de Cuitláhuac, señor de Iztapalapa como tlatoani de México, el 16 de septiembre de 1520, y de su muerte trágica, causada por una epidemia de viruela el 3 de diciembre del mismo año.

La victoria aplastante de Cuitláhuac sobre el ejército español y sus aliados nativos en la famosa "noche triste" del 30 de junio, que lo dio a conocer, iba a ser tan sólo un comienzo en el vasto proyecto que él tenía de federar las naciones indígenas, amigas y enemigas en torno a los mexicas, para poder derrotar a un poderoso adversario, peligroso en términos bélicos, pero también y sobre todo -como lo había intuido el ilustre iztapalapense- en los términos catastróficos del fin de una manera de ser y de pensar que la victoria del invasor, fatalmente, conllevaría.

"Hombre astuto, sagaz y bullicioso, y la principal parte de echar de México a los castellanos", como lo describió Tor-quemada, su visión de vencedor habría propiciado la creación de una nación indígena y habría definido un rumbo radicalmente distinto de la historia de México. Desafortunadamente el vencedor fue vencido por una epidemia de viruela (to-tumonaliztli) que diezmó a los mexicas y puso un fin prematuro a su vida. Esta pandemia impidió asimismo la transformación genuinamente nativa que el tlatoani Cuitláhuac había concebido, abriendo el camino a otra al año siguiente, el 13 de agosto de 1521 con la capitulación de Cuauhtémoc y la instauración del gobierno español virreinal en el corazón lacustre de México.

El "grito" del 15 de septiembre de 1810, que marcó el comienzo del fin de tres siglos de opresión por parte de los españoles peninsulares, según lo expresó Miguel Hidalgo, y que se conmemora puntualmente cada año, no fue el primero aun cuando anticipó una magna transformación, que tampoco fue la primera.

Además del sonoro y sedicioso grito de libertad proferido por Hidalgo, la insurgen-cia iba a anclar visualmente los anhelos políticos de su mexicanidad en un emblema "pre-hispánico". En efecto, una vez consumada la Independencia, el afán de desmarcarse radicalmente de los españoles, y de limpiar la joven nación de escorias ideológicas coloniales que podrían...

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