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La revolución blockchain. El protocolo fiable

 
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Portada de La revolución blockchain, el nuevo libro de Don Tapscott y Alex Tapscott, de la editorial Paidós.

A continuación presentamos el primer capítulo de La revolución blockchain, el nuevo libro de Don Tapscott y Alex Tapscott, publicado en la colección Empresa de la editorial Paidós. En esta entrega, los Tapscott se proponen presentar la disrupción que representa la tecnología blockchain, que da soporte a monedas virtuales como el bitcoin. Esta tecnología de encriptación permite, por ejemplo, enviar dinero de manera directa y segura a otra persona sin intermediaciones, en un ecosistema de privacidad y alta seguridad.

"Blockchain es una revolución perfectamente comparable a la aparición del ordenador personal, o al desarrollo y popularización de internet. Es, posiblemente, uno de los cambios más importantes y fundamentales que vayamos a ver en nuestras vidas, con el potencial de cambiarlo todo", escribió Enrique Dans, profesor de Innovación en la IE Business School, en el prólogo de La revolución blockchain.

El protocolo fiable

Parece que el genio de la tecnología ha salido otra vez de la botella. Convocado por una o varias personas por motivos poco claros en algún momento de la historia, el genio se ha puesto ahora a nuestro servicio para dar un nuevo salto hacia delante: transformar el sistema del poder económico y el viejo orden de los asuntos humanos en algo mejor. Si es que queremos.

Expliquémonos.

Las primeras cuatro décadas de internet nos han traído el correo electrónico, la red informática global (world wide web), las empresas electrónicas, los medios sociales, la red móvil, el almacenamiento en la nube y los primeros días del "internet de las cosas". Internet ha servido para reducir los costes de investigar, colaborar e intercambiar información. Ha permitido la aparición de nuevos medios de comunicación y entretenimiento, de nuevas formas de comerciar y de organizar el trabajo, y de empresas digitales como nunca las ha habido. Gracias a la tecnología de sensores, ha incorporado inteligencia en nuestras carteras, en nuestra ropa, en nuestros automóviles, en nuestros edificios, en nuestras ciudades y hasta en nuestra biología. Está ocupando tanto nuestro entorno que pronto no será necesario "acceder" a la red porque trabajaremos y viviremos inmersos en una tecnología omnipresente.
En general, internet ha posibilitado muchos cambios positivos —para los que pueden acceder a la red—, pero tiene serias limitaciones para los negocios y la actividad económica. The New Yorker pudo publicar de nuevo la viñeta de Peter Steiner de 1993 en la que un perro le dice a otro: "En internet, nadie sabe que eres un perro". En línea, seguimos sin poder establecer de una manera fiable la identidad del otro ni confiar en él para intercambiar dinero sin el aval de un tercero, que suele ser un banco o el gobierno. Los mismos intermediarios almacenan nuestros datos e invaden nuestra intimidad por motivos de lucro o de seguridad nacional. Incluso con internet, los costes estructurales de dichos intermediarios excluyen a 2.5 millones de personas del sistema financiero global. Pese a la promesa de un mundo igualitario, los beneficios económicos y políticos han resultado ser asimétricos, y el poder y la prosperidad van para aquellos que ya los tienen, incluso si han dejado de buscarlos. El dinero hace más dinero del que hace mucha gente.

La prosperidad que la tecnología crea ya no es mayor que la intimidad que destruye. Con todo, en la era digital en la que estamos, la tecnología está en el centro de casi todo, para bien y para mal. Nos permite valorar y violar los derechos del prójimo como nunca antes ha ocurrido. El auge de la comunicación y del comercio en línea está creando más posibilidades para el cibercrimen. La "ley de Moore" de la duplicación anual de la capacidad procesadora duplica el poder de defraudadores y ladrones —"Moore’s Outlaws" o "Los forajidos de Moore"—, por no hablar de emisores de correo basura (spammers), suplantadores...

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