Roma no es tan buena como parece, es mejor - Noticias - VLEX 749100405

Roma no es tan buena como parece, es mejor

 
EXTRACTO GRATUITO
Roma no es tan buena como parece, es mejor

Roma, una historia cinematográfica magistral de Alfonso Cuarón, reúne muchos elementos a la vez: épicos e íntimos, míticos y mundanos. Basada en los recuerdos de Cuarón sobre su estancia en una casa burguesa de la Ciudad de México en la década de 1970, este poema está repleto de voces sensoriales muy animadas que expresan deleite, sensualidad y tristeza.

Filmado por el propio Cuarón en pantalla ancha en blanco y negro, un formato cuya estética transmite monumentalidad y permanencia a los eventos cotidianos y evanescentes, Roma consigue la rara proeza de hacer que lo personal sea auténticamente político, sin utilizar metáforas, sino simplemente observando la vida con suficiente perspectiva para reflejarla en la cinta con todas sus contradicciones.

La reflexión es el vector transversal en Roma, cuyo título es el nombre de un barrio de clase media donde Cuarón creció en la ciudad de México. Al inicio de la película toda la pantalla la ocupa un manantial de agua jabonosa que cubre el suelo de un patio; un balcón y un avión complementan la escena.

La persona que limpia el piso es Cleo (Yalitza Aparicio). Ella trabaja en la casa de Sofía y Antonio (Marina de Tavira y Fernando Grediaga), cocinando, limpiando y cuidando a sus cuatro hijos.

Las escenas iniciales de Roma muestran a Cleo en silencio durante sus las labores cotidianas, estableciendo gradualmente los ritmos de su entorno, no como se suele dramatizar o simplificar, sino como se vive.

Lo que queda claro es que, aunque Cleo y sus compañeros del personal doméstico están subordinados a sus jefes, la relación no se limita a la dinámica convencional entre poder y servidumbre. Cleo es claramente miembro de la familia. Así lo parece. Aunque su trabajo físico y emocional delatan su naturaleza laboral; en ésta subyace la explotación distraída por un afecto genuino.

Esquiva trampas

Cuarón, que proyecta en Cleo a su niñera de la vida real, podría haber elegido el típico camino de un cineasta taquillero cuyas historias presentan elevadas dosis de ternura y nostalgia de una mujer indígena que cuida a niños.

Pero Roma esquiva esas trampas, convirtiéndose en algo mucho más complejo cuando la discreta y graciosa cámara de Cuarón sigue a Cleo en un recorrido inicial sin incidentes; sin embrago, al paso del tiempo la historia acumulará tumultuosos actos sentimentales.

Una forma en que Cuarón evita el solipsismo lo hace al mantener sus propias experiencias más consecuentes en...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA