El Tatita - 19 de Mayo de 2017 - Metro - Monterrey - Noticias - VLEX 679497149

El Tatita

 
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A mediados del siglo XIX se habló mucho de un curandero llamado Pedro Rojas, alias "El Tatita".

Era un individuo de raza indígena, procedente de San Luis Potosí, que atrajo multitudes debido a que se decía profeta y curandero quirúrgico.

La ignorancia y la necesidad de la gente de creer en algo, lo llevaron a ser considerado una especie de santo, otorgándole poderes como los del mismo Jesucristo.

Por el año de 1861 apareció allá por la entonces Villa de Santiago, los seguidores lo llevaba en andas, sentado en una silla, mientras los creyentes se disputaban el honor de cargarlo.

Mientras era trasladado, repartía bendiciones episcopales haciendo el signo de la cruz a quien se le acercara, bendecía con "agua del Jordán" a los santos que le llevaban, mientras otros se le acercaban tratando de besarle con avidez pies y manos.

Realizaba en forma publica extracciones de "lobanillos" (Tumor que se forma debajo de la piel y que generalmente no duelen y suelen formarse de tejido graso), mediante una navaja a la que sacaba filo con el eslabón de una vieja cadena.

La gente buscaba de "El Tatita" la oportunidad de que atendiera a sus enfermos graves y desesperanzados.

El capellán de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, tuvo un altercado con Pedro Rojas el 7 de febrero de 1861 y cuando le reclamó su actividad, Rojas le contestó:

"Soy un hombre que traigo un santo madero y mi eterno padre y yo con él al lado de él".

Acto seguido, el sacerdote se puso a predicar a la gente que no creyera en el embaucador ''Tatita'', pero un poco más de tiempo que insistiera en eso, lo hubiera apedreado y linchado la turba que seguía al taumaturgo.

Debido a que estuvo en peligro de muerte varias veces por causa del falso profeta, solicitó ayuda a los de su grey católica y al auxilio acudieron los padres Pablillo, de Brownsville, y el padre Peña, vicario de la ciudad de Camargo Tamaulipas.

Después de prepararse espiritualmente para la lucha con ''El Tatita'', fueron a buscarlo a su casa y a solicitar una audiencia.

Cuando estuvieron frente a él, el capellán de Sabinas tomó la palabra y lo cuestionó: En el nombre del Redentor, de quien somos ministros, díganos usted ¿por qué da bendiciones y se deja adorar?

Nada contestaba, a pesar de que le hicieron varias veces la pregunta.

Entonces los sacerdotes empezaron a realizar un ritual de exorcismo y cuando realizaban la...

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